Ayer me topé, en una rotonda de Sevilla, con un cartel grandote en el que se hacía una llamada a todos aquellos que quisieran participar como voluntarios en el próximo mundial de baloncesto que se celebrará en España.
De repente me vino a la cabeza el recuerdo de algunas ocasiones en las que he disfrutado de la grata y enriquecedora experiencia del voluntariado bien entendido*, ese en el que aportas tu trabajo como recurso necesario en actividades y demás proyectos que, sin la dedicación y el esfuerzo del voluntariado, serían inviables.
Sentirte útil y formar parte de algo que sin tí no podría haberse conseguido, arrimar el hombro, en igualdad de condiciones, en la tarea de levantar un proyecto en el que crees, y que a priori hubiera resultado imposible, y ayudar al que lo necesita por la sencilla razón de que tu puedes tiene generalmente como única, y más que suficiente, recompensa una enorme satisfacción que te llena de pies a cabeza.
Por contra, están todos esos eventos que, a pesar de contar con un buen
respaldo económico, se aprovechan de la figura del voluntario, tan fácil
de contentar y tan barato de mantener, fomentando el egoismo global y desvirtuando la labor altruista del que practica generosamente el voluntariado. Sirva de ejemplo la historia de desánimo y malestar que me transmitió una buena amiga que sufrió en sus carnes la explotación, mientras participaba como voluntaria en los pasados juegos olímpicos de Londres, donde no creo que faltara dinero, precisamente, para pagar justamente a todas aquellas personas que pusieron tanto ánimo y esfuerzo a cambio de casi nada.
(*) Estoy seguro que tú también habrás tenido la suerte de probarlo alguna vez pero, bueno, si no es así, animate porque no te arrepentirás en absoluto.
(*) Estoy seguro que tú también habrás tenido la suerte de probarlo alguna vez pero, bueno, si no es así, animate porque no te arrepentirás en absoluto.

Toda la razón del mundo. Invirtamos nuestras fuerzas en ayudar donde realmente es necesario. Las altísimas inversiones que se vuelcan en este tipo de enventos deportivos deben ser utilizadas también para crear empleo de verdad, y no sólo para que los políticos salgan en la foto.
ResponderEliminarOle, tío. Gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario. Un abrazo, artista.
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